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La manada de la abeja reina

Presumía de inocencia porque la Manada le había otorgado ese poder. Añoraba los tiempos felices de la Inquisición donde no había sitio para la ambigüedad, pero ahora tendría que volver a su mundo, donde reinaba la peor forma de justicia, a excepción de todas las demás.

Se fijó hace tiempo en una noticia de un hombre que había conocido la cárcel por robar en un supermercado. Años después fue de nuevo condenado por La Manada cuando le pillaron regresando a casa con el carrito de la compra lleno, a plena luz del día.

No llamó menos su atención otro suceso protagonizado por un atracador que comenzó a desvalijar a una chica indefensa en plena calle, con un coche de policía en frente. Al principio no pudieron hacer nada porque la víctima parecía estar de acuerdo: una cartera por aquí, una pulsera por allá.. pero ya cuando el delincuente abandonaba el lugar de los hechos caminando, la chica gritó! Y La Manada procedió.

Con este conocimiento, Caperucita se echó al monte a conocer lobos y corderos, para descubrir lo que podría hacer al respecto. Y conoció el mundo y los encontró: Ladrones y policías, lobos y corderos. Y pasó el tiempo, que cuando pasa del todo, lo cura todo.

¿Habría aprendido ya a no quemarse? ¿Habrían aprendido ya los lobos a ser corderos? ¿Serían las dos cosas? ¿Alguna? ¿Ninguna?

La justicia de la abeja reina

Difícil dilucidar, pero lo que si ocurrió es que Caperucita en su afán de conocer las normas que rigen en la naturaleza y por su amor a los animales, comenzó a estudiar biología, en concreto la rama de derecho entomológico, donde se especializó en abejas.

Le fascinaban particularmente como las abejas reinas construyeron en el origen de la vida prósperas colonias llenas de miel, adonde se dirigían los zánganos, irreversiblemente.

Pero Caperucita aprendió en el último curso de la carrera que la alegría dura poco en la naturaleza y tras años de abundancia, justicia, paz e igualdad apareció el rey escorpión que tomó el poder absoluto en la colmena, sometiendo a la fuerza a la abeja reina, irreversiblemente.

En su tesis fin de carrera ‘La Manada de la abeja reina‘ por Caperucita Gómez, se explica como en los milenios posteriores, la abeja reina sufrió stress postraumático por Síndrome de Estocolmo, desarrollando una suerte de amor-odio necesario por el rey escorpión, para engendrar una manada de reyes escorpiones, pues eso es lo que la habían enseñado.

Mientras tanto, la vida de los hombres seguía y La Manada seguía empeñada en encontrar al delineante borracho que trazó la línea entre la emoción y la razón, entre la justicia y la venganza.

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