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Las doce pruebas de Becárix

Cándido Cándido, un recién licenciado abulense en formación profesional de computadoras, entraba a trabajar como becario, en el departamento de informática de Caja Mañosa, en la Torre Vinagre de la Castellana, en Madrid. Debería estar 6 meses de prueba, sin remuneración y luego conseguiría un contrato temporal.

Cleopatra García, la chica de recursos humanos, le comunicó las condiciones: Debía superar las doce pruebas de Becárix para conseguir el contrato. Le acompañaría un supervisor, Carlos Pupa, antiguo becario, que ya había pasado por algo similar, y Reyes Triste, un nuevo becario que haría la prueba después que él, para que fuera aprendiendo.

I. Vencer a Merinos, campeón olímpico, en una carrera

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El primer día, tenía que hacer diez mil fotocopias, llevar el café a todos los empleados del edificio (de cuarenta plantas) y dar los buenos días a cualquiera que entrara por la puerta principal, sin dejarse ninguno. Cándido tenía 8 horas.

Rápidamente, bajó al vestíbulo, poniendo un candado en la puerta, y engañó a Cleopatra para que sirviera los cafés. Después se puso a hacer fotocopias como un loco.

Tras doce horas y 42 metros recorridos durante todo el día, Cándido, exhausto, logró batir por 1 segundo a Paco Merinos, el becario que ostentaba el récord absoluto y Carlos Pupa marcó en verde la casilla de su formulario.

II. Lanzar la jabalina más lejos que Kermes, el persa

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El segundo día, Kermes Duro, el comercial mas exitoso del banco le planteó una batalla dialéctica.

Empezó fuerte: «¿Quién vende más, un pájaro o un reptil?», preguntó Kermes. Cándido respondió cándidamente: «un pájaro«, a lo que Duro dio el ok a regañadientes.

A continuación, el abulense se puso a pensar una buena pregunta, pero se tiró tanto tiempo, que se le pasó el turno..

Kermes atacó entonces de nuevo: «¿Cómo haces si tienes dos oficinas y un solo cajero, para servir billetes en ambos?«. Cándido se quedó offside y… se le pasó el tiempo.

Había perdido… pero cuando Carlos Pupa se dirigía ya a recursos humanos, para comunicarlo, Cándido recordó que tenía en el banco 2000 euros, que eran todos sus ahorros y bajó al cajero corriendo, a sacar.

Entró en uno que avisaba, en una nota en la entrada, de una comisión del 200% y se fue al de la calle de al lado, que solo tenía una del 20%. Le regaló mil a Kermes y mil a Carlos. Pupa dio el ok a la casilla de la segunda prueba.

III. Enfrentarse a Cilindric, el germano

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En la tercera prueba, le pusieron delante de un ordenador, para que demostrara lo que había aprendido en sus estudios.

Tenía que modificar un programa de contabilidad avanzada, escrito por Cilindric, un joven alemán que vino a hacer una sustitución para pagarse las vacaciones en Mallorca.

El cambio consistía en lograr que el software, calculara las comisiones que había que aplicar a todos los productos, de aquí a 2030.

Todo estaba en alemán, sin documentación y escrito en 5 lenguajes de programación. Cándido, abrumado, decidió descargar un programa pirata de Internet que hacía lo mismo. Acababa de pasar la prueba.

IV. Atravesar el lago de las ninfas

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El cuarto día, tenía que atravesar el departamento de inteligencia de Caja Mañosa, formado por cinco señoras mayores, muy coquetas.

Al ver a un joven becario, se tiraron encima, ofreciéndole galletas, aire acondicionado y arrumacos, prometiéndole felicidad eterna y estabilidad en la caja.

La jefa, Gertrudis López, una señora de 69, tuerta y con 150 kilos, le dijo que le darían lo que pidiera y que ya se había hecho la solicitud pertinente, para que se quedara en su departamento, el resto de sus días.

No le fue difícil pasar la prueba y en diez minutos, tras comerse las galletas, salió corriendo por la puerta, como alma que lleva el diablo, entre el jolgorio de las chicas.

V. Sostener la insostenible mirada de Iris, el mago egipcio

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En la quinta prueba, Carlos Pupa le previno de que el director de recursos humanos Elcairo Cabeza Iris, le haría un test especial, con un popurrí de preguntas indiscretas, para evaluar sus conocimientos, su personalidad y su actitud.

La prueba comenzó y Elcairo le miraba sin parpadear para detectar cualquier signo de debilidad, duda o mala predisposición, diciéndole continuamente: «Eres una oveja, eres una oveja…»

Cándido se relajó y pensó en el partido del Atleti de Champions, que jugaban esa noche y en el parecido del director con JuanFran, respondiendo a todo correctamente sin apartar la mirada. El señor Cabeza Iris, perplejo ante la compostura del becario, dio el visto bueno y Carlos Pupa señaló la quinta prueba, positivamente.

VI. Comer todo lo que prepare Mannekenpix, el cocinero de los titanes

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Eran ya las dos y Cándido bajó al comedor de la empresa. Pupa le comentó que tenía que comer todo lo que prepara Mannekenpix, el chef griego de la empresa Very Fast Food, que se encargaba de la restauración de los alimentos, en el comedor de Caja Mañosa.

Fabada caducada, pan duro de Bilbao, sopa de cocido con restos del día anterior y de postre pudin de algo, eran los platos habituales.

El abulense se comió todo lo que pudo, volviendo con los carrillos hinchados y mientras Pupa le preguntaba que tenia ahí, salió corriendo al servicio a escupir lo no comido y a purgarse.

Al salir del servicio, Carlos Pupa le dijo que debía comer lo mismo durante el siguiente mes y medio. Durante ese periodo, Cándido tragó y tragó y repitió las purgas, observando en ocasiones, como Mannekenpix iba al servicio, para recoger algo de su retrete.

Finalmente, pasado el mes y medio, Carlos dio la sexta prueba por buena.

VII. Penetrar en el Antro de la Bestia

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Tras el fin de semana, en el que tuvo que ir a hacerse un lavado de estómago al hospital y rellenar 25 informes de seguridad internacional del software de la caja, supo que debía entrar en la oficina del director general de Caja Mañosa, Rody KitKat.

Cuando llegó, pilló a Rody con las maletas. Se iba a Miami dos meses de vacaciones y Cándido debía ocupar su lugar.

Vuelos internacionales, reuniones y decisiones complicadas, tuvo que afrontar el abulense durante esa época, mientras dejaba a Reyes Triste de secretario en la oficina, la única aportación que hizo, el siguiente becario. A los dos meses, Rody regresó a la oficina.

Cándido le dijo a Kitkat que estaba harto y aburrido, pero Rody le amenazó con que tenía que seguir, o si no, se quedaría sin contrato. Gritos, humillaciones y agresiones durante cinco horas, fue lo que aconteció aquel día.

Finalmente, Cándido le replicó que, durante estos dos meses, había visto llamas arder mas allá de Orión, y que le denunciaría si no le daba el visto bueno. Rody, acojonado, accedió, y Carlos Pupas escribió «Apto» en la séptima prueba.

VIII. Obtener la forma A-38

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Para firmar el contrato temporal que soñaba, Cándido debía antes conseguir y rellenar el formulario A-38.

En recurso humanos le dijeron que debía ir a logística, en logística a limpieza y en limpieza a recursos humanos.

Bajó entonces a preguntar al bedel y este le comentó que tenía que recoger el ticket A-39 en contabilidad. En contabilidad le comentaron que el A-39 no existía y que debía ir al consulado de Andorra a pedir un permiso de paternidad.

Tras un día de viajes por Madrid y subiendo y bajando escaleras, finalmente decidió hacerse uno él mismo y lo entregó en el departamento de pantallas táctiles, diciendo que era el nuevo A-40.

Los empleados, aceptaron dubitativos y tampoco se lo revisó nadie, así que ya solo le quedaban 4 pruebas.

IX. Cruzar el abismo con la ayuda de un cable invisible

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Tenía ahora que ir a un cliente, el Banco Universal, al que Caja Mañosa proveía de programas de gestión bancaria.

Al cliente le habían dicho que Cándido era trilingue en inglés, francés y alemán, que había sido ex asesor del ministro Guindilla y que aportaba una experiencia de diez años en la herramienta Bank Bank, implementada el verano pasado.

Pupa también le comunicó, una vez allí, que debería quedarse dos meses, para enseñar a los directivos.

Cándido entró acojonado, pero cuando subió a las oficinas, nadie le hizo ni caso, era invisible y se pasó el día y los dos meses siguientes jugando a Pokemon Go en la cafetería de la empresa. La siguiente prueba sería la décima ya.

X. Escalar la montaña y responder al enigma del Venerable de la Cumbre

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El siguiente día, Carlos Pupa le indicó el último número del ascensor a Cándido y el abulense subió al ático del edificio, donde vivía el Venerable Jorge Peseta, de 97 años, fundador de la caja, que ahora ejercía de consejero y botones.

El Venerable de la Cumbre le miró con desprecio y le preguntó: ¿Qué es el dinero, chaval?»

El abulense dudó, pero finalmente sacó con destreza un billete de broma, que se había hecho las navidades pasadas en el ordenador, con su propia cara y se lo mostró.

Jorge Peseta, entre lágrimas de emoción, sin poder articular palabra, asintió feliz con la cabeza. Correcto. Prueba superada!

XI. Pasar la noche en la Llanura de los Muertos

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Esa misma noche, debería pasarla entera en las oficinas de Caja Mañosa. Estuvo mas de dos horas sentado tranquilo, encima de la mesa del conserje, jugando con Pokemon.

Eran ya las doce y no se oía ni un ruido, pero de pronto, Cándido empezó a ver y oír cosas y se levantó para dar una vuelta.

Prejubilados zombis vagaban y no le dejaban atravesar los pasillos, había brujas administrativas dormidas en los rellanos de las escaleras y guerreros desalineados, con corbatas desaliñadas, que cantaban el requiem de la caja, directamente a su oído.

Asustado, corrió a buscar a Pupa, quien le dijo lo que tenía que hacer.

Debía bajar del piso 37 al 25 en ascensor y tardar tres horas. Después, en el 25 debía coger el otro ascensor y bajar hasta el hall en tres horas y media. Por ultimo, ya a las siete de la mañana, debía encender las luces del edificio, con y solo con el dedo meñique, para empezar un nuevo día.

Cándido, firme a pesar del miedo, cumplió a rajatabla el cometido y Carlos Pupa, asombrado, rellenó la penúltima línea. Ya solo le quedaba una prueba.

XII. Sobrevivir al circo

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La ultima prueba era simplemente pasar los últimos meses, de trabajo normal, rutinariamente, yendo de aquí para allá por los distintos departamentos, ajustando el software de la caja. Fue la mas difícil, pero se plantó contundente en la parte final.

La última semana, Rody Kitkat, vestido con un chándal cubano, presentó un powerpoint, ante un auditorio repleto de elegantes y trajeados empleados, con su nuevo proyecto para poner nuevas oficinas de Caja Mañosa, diseñadas con impresoras 3D, en la Luna.

Entusiasmado, casi por primera vez desde que llegó, Cándido buscó en la red informática interna del banco y encontró una carpeta, de seis mil documentos word, con proyectos similares, que databan desde 1995 a 2015. Fue a imprimir los mas interesantes, pero la impresora no funcionaba, así que tomó notas a mano.

La prueba final

Mientras estaba escribiendo, Carlos Pupa apareció y le interrumpió: «He venido de parte de Rody, para comunicarte tu última prueba: Tienes que hacer cajeros voladores para que los pasajeros de los vuelos comerciales puedan sacar billetes durante el vuelo. Tiene que estar hecho para este viernes»

Cándido lo veía imposible, pero estuvo toda la semana sin dormir y finalmente, lo presentó el viernes en el auditorio, ante mil dos managers, con la presencia también de Rody Kitkat, Carlos Pupa y Cleopatra García.

Erigió un excel, en el que explicaba todo, sintetizándolo en un discurso, que ya forma parte de la historia de Caja Mañosa:

Drones cajeros voladores lanzarán impertérritos, billetes a los motores del avión, que los absorberán por efecto de succión activa dinámica, entrando estos sin remisión, directos a la cabina de pasajeros, por tubos aspiradora homogéneos, regulados e individuales, que desembocarán ineludibles, encima de los asientos, al lado de las pertinentes lucecitas para leer.

Todos aplaudieron entusiasmados, algunos lloraron y hubo algún ataque al corazón. Cándido se marchó, algo emocionado, entre ovaciones. Lo había conseguido!

 

Cándido Cándido había superado las doce pruebas de Becárix y se levantó una estatua, en su honor, al mejor becario de la historia. Aún se sostiene en pie, en la entrada del edificio Vinagre de Caja Mañosa, en el paseo de la Castellana, en Madrid.

Actualmente disfruta feliz de su contrato temporal, dirigiendo a un equipo de becarios y dando clases de formación de tecnología bancaria. Se casó con Cleopatra García y empezó a ganar unos kilitos y a echarse un poco la siesta después de comer.

 

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Estatua a Cándido, con el resto de becarios de los años anteriores

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Carlos Pupa (de pie) con Rody Kitkat, leyendo el contrato

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