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Obsolescencia programada: La bombilla inmortal

Es, sin duda, la bombilla más veterana (y famosa) del mundo. La bombilla inmortal. Lleva luciendo sin apenas interrupciones desde 1901. Se trata de una bombilla de 60 watios, con filamento de carbono, y está instalada en el cuartel de bomberos número 6 de Livermore, California.

Tiene hasta su propia página web, con una web cam que muestra la bombilla 365 días al año.

La bombilla de Livermore es ya un icono de la obsolescencia programada, la que dicen utilizan las grandes corporaciones para fabricar deliberadamente productos con una vida limitada, para mantener su producción.

La obsolescencia programada de productos eléctricos industriales es muy antigua. Su creador fue Thomas Edison. Diseñó las bombillas para que se fundieran periódicamente y se negó a investigar su reparación o perfeccionamiento.

Se cree que el origen se remonta a 1932, cuando Bernard London proponía terminar con la Gran Depresión lucrándose a costa de la sociedad a través de la obsolescencia planificada y obligada por ley (aunque nunca se llevase a cabo). No fue necesario porque llegó la guerra y después ya no primaba construir una economía artificial pues había que reconstruir la economía esencial.

El círculo vicioso de la obsolescencia

El ingeniero y sociólogo americano Michael Bulb lleva estudiando el fenómeno de la obsolescencia desde hace décadas. Según él, el primer mundo no tiene ya necesidades que cubrir y la innovación es básicamente no esencial: “El término valor añadido se delata a sí mismo“.

“Realmente en su mayor parte se trata de una obsolescencia intrínseca, más que programada y la sociedad está también inmersa en ella de manera inconsciente porque ha crecido en esos valores.”, apunta Bulb.

El sociólogo nos explicaba que la crisis actual, la obsolescencia, los valores sociales y las proyecciones de desigualdad y paro futuras son todas caras de la misma moneda, una pescadilla que se muerde la cola.

La solución? Michael cree que sólo una Guerra o catástrofe lo solucionarían a corto plazo. A medio plazo apunta a una innovación de carácter esencial y a largo plazo opina que la única solución sería reorientar la economía al desarrollo del Primer mundo.

“Pero no creo que nada de esto se produzca de manera espontánea en las condiciones actuales. Opino más bien que el sistema inevitablemente colapsará y entonces hará posible una de las opciones expuestas “, finalizó tajante Bulb.

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