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Paco Menéndez. Un bit único por un cable de cobre

Hace falta mucho valor y generosidad para jugar a la ruleta rusa con un deca-cargador y nueve balas, y regalar el hueco a los demás.

Mozart diría que hay que asomarse al abismo y volver, pues permanecer demasiado tiempo mirando, nos dejaría ciegos.

Kafka asentiría y añadiría que la vida, no se puede dar demasiadas veces, pues podemos perderla.

Paco Menendez

Paco Menéndez estaría de acuerdo con ellos y por eso tardó sólo 14 meses en crear La Abadía del Crimen.

María Calas no tenía los mejores gráficos y técnicamente es posible que la superaran, pero Hitler no hubiera invadido Polonia si la hubiera visto actuar una vez.

Se atrevió a apuntarse a la cabeza cada vez que salía a un escenario y regalar el hueco a los demás, buscando su amor, rebelándose paradójicamente contra un mundo al que quería gustar, su único anhelo, igual que Paco.

Lo hizo, desde eso que Copérnico cree que debe estar en la cabeza, pero que quizás se encuentre en una estrella lejana.

Oxígeno, nitrógeno y argón

Abadia del crimen

Los ordenadores hasta 1987 no podían sentir ni hacernos sentir, hasta que Paco dijo que eso era mentira, pero era imposible demostrarlo. Ni siquiera Umberto Eco, uno de los suyos, creador de El Nombre de la Rosa, en la que se inspiró Paco, lo comprendió.

Pero poco importaba, no necesitaba permiso para la insurrección, ni comprensión, ni siquiera de él. El arte no entiende de rankings.

Tiempo después, en 1999, Paco ya había recorrido el planeta por una línea de cobre vieja y oxidada, había hablado con los dioses de la Abadía y conocía todos los misterios terrenales. Como ya dominaba también las tres dimensiones, necesitaba una más, y se transformó en aire: oxígeno, nitrógeno y argón, sin forma definida.

Sigue buscando ahora lo que hay más allá del arco iris… No necesitó en su tiempo grandes templos, ni papeles pintados con caras de otra época y ahora no necesita este artículo, ni siquiera una línea. Quizás tampoco necesita ya nuestro recuerdo o nuestro olvido.

Aunque no lo necesites, siempre te recordaremos.

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