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Touchdown

Tenía solo 17 años.

Queda un minuto de partido, los dos equipos están muriendo en el campo y el empate es el único pronóstico. De pronto, el quarterback advierte a Ricky corriendo fuera de la banda, saliéndose del campo. Lanza una bola torcida, pasada, improbable, pero Ricky la coge!! El estadio grita!!

Se siente muy esquinado, sin ángulo, pero sabe que puede hacerlo, es más rápido que ellos. Corre! Corre!! Corre!!! Cinco rivales van tras él y empieza a dudar pero su inercia no duda.

Sólo quedan cinco metros y menos segundos! Vamos Ricky!!

Sin saber cómo, acelera por el único hueco posible entre dos oponentes mientras estos le cargan desesperados tratando de detener el mar…

Touchdown! Touchdown!! Touchdown!!! Lo ha conseguido!! Los Silver Steelers acaban de ganar el partido! Touchdown!! Go Silver!

El respetable se viene abajo y los compañeros corren hacia él eufóricos y se tiran encima fuera de sí: Uno, dos, cuatro, seis!!! Hemos ganado!! Vamos!! Somos los mejores!! Una montaña de ilusiones. Un pequeño sueño hecho realidad. No me aplastéis! No me aplastéis…

Dr Mitnik: Así que, por lo que usted me comenta, ¿su claustrofobia comenzó allí?

Ricky Rodríguez: Bueno, es difícil de explicar. Creo que comenzó antes pero no sabría decir porque no tengo recuerdos claros de la infancia.

Dr Mitnik: En cualquier caso, acaso el caso resulta sumamente paradójico, ¿no cree?

Ricky: No conozco nada más paradójico.

Dr Mitnik: Cuénteme mas.

Ricky: Al terminar el partido le dije a mi novia Gina que quería ver a Jack, así que bajamos abajo para verle. Gina siempre se reía mucho con mis pleonasmos.

Dr Mitnik: ¿Quien es Jack?

Ricky : En los aledaños del estadio había una zona donde los mendigos se reunían para ver el partido. Luego, al terminar, esperaban en las salidas a que los espectadores o los jugadores les dieran alguna propina.

Por alguna razón siempre venían a mi, posiblemente porque yo lo fomentaba sutilmente, de algún modo, pero Gina continuaba riéndose y nunca salía de su asombro. Jack era uno de ellos.

Dr. Mitnik: Comprendo ¿Y qué cree que buscaba Jack?

Ricky:Jack buscaba cosas que yo no podía darle. Esperaba lo mismo que el resto de mendigos: El mesías que les salvara y la Casandra que les previniera del caballo de Troya.

Yo le dije que los mesías acababan locos o crucificados y que a Casandra nadie la escuchó. A pesar de todo, yo seguía bajando y él venía hacia mí corriendo o andando, dependiendo del minuto de partido y del resultado.

Dr Mitnik: Si no podía dárselo, ¿por qué seguía quedando con Jack?

Ricky: Yo quería ser uno de ellos pero no podía. Ellos se reían mucho con mis payasadas aunque muchas veces no las comprendían y otras eran del todo insuficientes. Yo sabía hacia donde les iba a llevar esta continua huida hacia delante, pero nunca se lo dije.

Dr Mitnik: Entiendo. ¿Y qué hay de Gina?, ¿qué opinaba de todo esto?

Ricky: Gina era mi amor. No hablaba mucho y la convivencia era estupenda con ella. Nunca me negaba un beso y siempre me llenaba, me comprendía bien sin comprenderme. Vivíamos muy cerca del estadio, solo un largo paso de cebra separaba nuestro portal de los aledaños.

Dr Mitnik: Entonces, ¿podía ver desde su casa el lugar donde se reunían los indigentes?

Ricky: Más o menos. Una de las ventanas de la casa daba al estadio pero había un árbol enorme en la línea de visión. No sé que tipo de árbol era, al menos yo no lo conocía. Era alto y muy frondoso, diría que tenía infinitas ramas. Era hermoso pero fastidioso de modo que un día me baje para podarlo.


Dr Mitnik: Entonces, ¿ya pudo ver a Jack desde la ventana?

Ese día sí pero al día siguiente, ante mi asombro, las ramas se habían reproducido, diría que tenía al menos las mismas que antes. Parecía algo mágico. En varias ocasiones repetí la operación con idéntico resultado al despertar. Siempre erraba el touchdown.

Dr Mitnick: ¿Decidió entonces tirarlo abajo finalmente?

Ricky: No, nunca lo haría, pero encontré otra solución. Un año antes Gina se había tenido que marchar de viaje de trabajo unos meses y atracó una tienda de animales de compañía para comprarme uno. Según me dijo, no pidió ninguno en concreto y el tendero le entregó un ruiseñor.

Dr Mitnik: Continúe.

Ricky: Jack no quería que le regalara un móvil y tampoco podía controlar desde mi casa si estaba bien, así que pensé en utilizar el ruiseñor como paloma mensajera.

Dr Mitnik: ¿Y funcionó?

Ricky: Al principio el ruiseñor se quedaba en su jaula y yo no quería obligarle a volar. Una noche de Agosto, tormentosa y regular, le vi temblar. Le miré desde detrás y entonces salió y se posó en la ventana, levantó la cabeza topándose con el árbol y desplegó las alas.

Se lanzó hacia arriba desesperado y empezó a remontar el árbol pero éste se hacía cada vez más alto… alzaba y alzaba pero no podía. De pronto, paró el batir de alas, estaba levitando… Se dio la vuelta y le vi llorar. Entonces, en un suspiro, sin que me diera tiempo para reaccionar, con las alas pegadas, tomó impulso, cantó y lo atravesó… lo atravesó! Lo había conseguido!

Después sin saber cuando ni cómo, un día salía a volar y otros se quedaba. Nunca sabía que día se quedaría y que día saldría, pero sabía cuando hacerlo y adonde ir. Yo le ponía en el pico el mensaje atado y Jack hacía lo mismo de vuelta.

Dr Mitnik: Increible. ¿Y que ponía en los mensajes?

Ricky: Nada, era un papel en blanco.

Dr Mitnik: ¿Y los de Jack?

Ricky: Lo mismo.

Dr Mitnik: Comprendo. Bueno, pues parece que el tiempo se ha agotado pero creo que hemos progresado mucho. Me resulta familiar la historia y creo que puede resultar un buen punto de partida para profundizar en tus molestias. Poco a poco iremos avanzando. ¿Quieres una nueva sesión mañana?

Ricky: Por supuesto Dr Mitnik, hasta mañana.

Dr Mitnik: Hasta mañana Jack.

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