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Ulises: El enigma Butterly

El Ulises de Joyce está poblado de frases de difícil comprensión incluso para un lector culto y experimentado. Pero a veces no son achacables al autor sino al traductor.

A título ilustrativo veamos un ejemplo ya en el primer capítulo de la novela.

Stephen Dedalus acaba de desayunar con sus amigotes Haines y Buck Mulligan en la torre Marcelo. Se disponen a darse un chapuzón en la playa. Haines sale el primero y llama a sus compañeros desde la puerta. Buck Mulligan bromea con Stephen y le dice que deje de comerse las sobras del desayuno y les acompañe. Stephen sale con andares graves y dice apesadumbrado (en la versión original):

-And going forth he met Butterly.

Aquí nuestros ilustres traductores de referencia (Salas Subirat y JM Valverde) nos colocan:

-Y saliendo fuera se encontró a Butterly.

Perfecta traducción. Irreprochable. Ni el mejor traductor de Google lo habría hecho mejor.

James Joyce

James Joyce, tras leer la traducción al castellano de su Ulises.

El problema es porque allí no pasa persona o animal alguno que atienda por el nombre de Butterly.

Es entonces cuando nuestro avezado e inquieto lector se va a la Biblioteca Nacional, consulta la Wikipedia y por último invoca a la sabiduría de su viejo amigo docto y erudito que todo lo sabe. Pero nada, no hay manera. ¿Quién será ese tal Butterly? Nadie acierta a saber quién podrá ser ese fulano. Frustrado, nuestro lector decide tirar la toalla (una de tantas) al poblado cesto de las irresolutas boutades joyceanas.

La solución al enigma nos la dan dos caballeros (también escritores como Joyce) llamados Lucas y Mateo que en sus escritos sobre el prendimiento de su maestro y su posterior comparecencia ante Caifás, nos cuentan cómo el bueno de san Pedro tras negar tres veces a Jesús (tal como éste había profetizado…, ya saben lo del gallo y todo eso) se quedó muy desconsolado y saliendo fuera lloró amargamente.

La versión inglesa de la Biblia lo dice literalmente igual (pero en inglés claro está):

And going forth he wept bitterly.

No es preciso más aclaraciones. Se trata de un juego de palabras, de una homofonía, que un avezado lector inglés probablemente puede cazar sin gran dificultad, pero que nuestro sufrido lector en español se ve incapacitado por mor de la traducción.

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