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Ulises XI: El Mozo Rebelde

Entre las baladas irlandesas que pueblan el Ulises hay una que constituye uno de sus principales leitmotives: The Croppy Boy (El Mozo Rebelde). Sus versos recorren casi toda la novela, pero cobra especial protagonismo en el capítulo 11 donde Ben Dollard la canta con su voz de bajo profundo en el hotel-restaurante Ormond.

Los Rebeldes de Wexford (Sí podemos)

Los irlandeses no deben grandes agradecimientos a los ingleses…

Pese a ser Irlanda un país rico en productos agrícolas y ganaderos, siempre pasaron hambre pues lo mejor de sus productos se desviaba a la pérfida Albión, teniendo ellos que alimentarse a base de patatas y despojos de reses.

Las grandes hambrunas de 1740 y 1845 mermaron drásticamente su población. No es de extrañar que se produjeran movimientos autonomistas a lo largo de toda su historia.

La balada The Croppy Boy

La balada The Croppy Boy recoge un emotivo momento de la (cómo no) fallida rebelión de los campesinos de Wexford en 1798.

  • Un adolescente decide unirse al grupo de irlandeses que luchan por su libertad. Como buen católico, y consciente de que puede morir en la empresa, decide ir antes a la iglesia a confesarse. Le pasan a una solitaria sala donde le recibe un cura sentado en un gran sillón. El muchacho se arrodilla y confiesa sus pecados.
  • «En el asedio de Ross cayó mi padre, y en el de Gorey todos mis hermanos. Ahora estoy solo y sin familia. Iré así a Wexford en nombre de ellos. Me acuso de haber dicho palabrotas tres veces desde la última Pascua y de haberme ido a jugar un domingo saltándome la misa. Y un día, pasé por el cementerio con tanta prisa que se me olvidó rezar por el descanso de mi madre. No guardo odio contra nada ni contra nadie, pero amo a mi patria por encima de mi rey. Ahora, padre, deme su bendición y déjeme ir a la muerte, si eso es lo que Dios ha dispuesto».
    Me acuso de amar a mi patria más que a mi rey

    Me acuso de amar a mi patria más que a mi rey

  • El sacerdote no dijo nada, pero un sonido metálico llamó la atención del muchacho. Su túnica se había abierto, dejando ver el uniforme escarlata de capitán del ejército inglés. Con una mirada de fuego y una voz de odio, el capitán soltó no una bendición sino una maldición: «Fue una buena idea, muchacho, venir aquí a confesarte. Una hora es todo lo que te queda de vida. Por aquel río bajan tres gabarras, el sacerdote de esta iglesia va en una de ellas, si no le han matado ya. Hemos confiscado su casa para nuestro señor el rey y, a fe mía, que colgaremos a todos los traidores».
  • En el cuartel de Geneva mataron al joven y en Passage depositaron su cadáver. Buenas gentes que vivís en paz y alegría, elevad una plegaria y derramad una lágrima por el Mozo Rebelde.

Joyce que ha ido desgranando los versos de la balada a lo largo del capítulo, llega un momento en que no puede reprimir más su indignación y dirige estas lindezas al oficial inglés, cuya traducción dejamos esta vez a nuestros cultos lectores.

With hoarse rude fury the yeoman cursed, swelling in apoplectic bitch’s bastard

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